domingo, 5 de abril de 2009

EL DRAMA DEL CIRCULANTE el confidencial

El drama del circulante ahoga a los empresarios
@S. McCoy - 04/04/2009
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Podía quedarse tan sólo en una anécdota si no fuera por el drama que arrastra detrás. Lunes siguiente a la intervención por parte del Banco de España de la Caja de Castilla la Mancha. A un extremo de la línea telefónica uno de los gestores de empresas de la entidad; en el otro, el responsable financiero de una de las compañías de distribución más importantes de este país. Ventas creciendo por encima del 30%, margen estable, beneficio sólido, posición de tesorería fuerte. Un oasis en el desierto. Mensaje sucinto: las líneas de crédito que os vencen en breve no os las vamos a renovar. Estupefacción. El gobierno actúa y sus consecuencias inmediatas, que la empresa espera que no se terminen concretando, se oponen directamente al discurso oficial: que fluya el dinero, maná del mundo moderno. Una pose pública que reiteró el jueves el G-20 al subrayar que el programa adicional de ayuda de 1,1 billones de dólares persigue restaurar el crédito, aumentar el crecimiento y generar empleo en la economía mundial (fin de la primera página). Por ese orden, no se vayan a llevar a engaño. Pobres asalariados.
Con independencia de que desde este mismo Valor Añadido hayamos defendido, por activa y por pasiva, que gran parte de las iniciativas que están llevando a cabo los gobiernos de una u otra ideología están encaminadas al fracaso, al tratar de resolver su problema electoral de corto y no contemplar que lo que sobra precisamente en la actualidad es un crédito excesivo sobre activos sobrevalorados que ha de purgarse, no es menos verdad que siempre hemos censurado la injusticia que supone que tengan que pagar justos por pecadores en todo este proceso de desapalancamiento.
El cierre del grifo crediticio para una sociedad como la anteriormente descrita implica, o bien que tenga que tirar de sus propios recursos para financiar sus compras, cosa que no es siempre posible, lo que limita sus posibilidades de crecimiento y deteriora su posición de tesorería y de capital circulante, o bien que deba confiar en la bondad de otras instituciones financieras cuyas condiciones de financiación indudablemente estarán adaptadas al nuevo entorno de mercado, lo que afectará a sus resultados. De ahí que, desde el principio, nuestra propuesta haya ido encaminada a un sistema mixto de avales en los que la identificación del cliente solvente sea de la entidad financiera, que ha de asumir necesariamente una parte del riesgo para tener un incentivo, quedando el resto compensado por avales del ICO o del organismo de la Administración que finalmente se determine.
El controvertido papel de las aseguradoras de crédito.
Sin embargo, junto a los problemas derivados de la menor o ninguna voluntad de los bancos para conceder liquidez al sistema -sería la primera vez que la banca tira de chequera alegremente en un momento de contracción económica como la actual y, de hecho, el nacionalismo financiero, concesión de crédito solo a los ciudadanos donde operan las entidades intervenidas, que ya está ocurriendo, pone de manifiesto que incluso la acción pública trae detrás de sí una reducción de la financiación al sistema global-, existe un problema de mucho mayor calado que está haciendo un roto descomunal al entramado empresarial español. Nos estamos refiriendo a la muerte, en el formato que se conocía hasta ahora, del seguro de crédito comercial, una suerte de CDS o seguro de impago ligado a la actividad real, emitido por compañías especializadas a las que ahora se le disparan los quebrantos como consecuencia del aumento de la morosidad lo que, a su vez, les obliga a actualizar sus cálculos actuariales y a negar el pan y la sal a quienes, hasta ahora, confiaban en su respaldo para cerrar transacciones mercantiles.
En efecto, se está produciendo un triple fenómeno en relación con la actividad de estas aseguradoras.
En primer lugar, un endurecimiento manifiesto de sus criterios de calificación de riesgo o risk scoring. Compañías que hasta ahora podían utilizarlas como garantía de pago de sus compromisos comerciales, no pueden así hacerlo más. Normalmente esto se traduce en una exigencia por parte de su contrapartida del abono de sus deudas en el menor plazo de tiempo posible, si no al contado. El efecto que produce sobre la gestión del circulante de la empresa afectada es demencial. Sobre todo cuando el criterio de corte es determinado de forma indiscriminada en virtud del resultado de la introducción de unos determinados parámetros en el ordenador y no como consecuencia de un análisis pormenorizado de circunstancias individuales.
En segundo término, se ha encarecido el servicio prestado por estas firmas. No sólo han realizado un sustancial incremento del fijo anual que cobran a sus clientes, sujeto a regularización en función del volumen final asegurado a final de año, sino que se ha establecido un sistema de franquicias que, en muchos casos, deja sin cubrir una gran parte de las ventas, las de menor importe. Si quieres que te ayude, ley del mercado, es momento de que te rasques el bolsillo, vienen a decir, con su consecuente impacto sobre los costes y el margen de negocio. Para algunas entidades afectadas el gasto por este concepto empieza a ser de todo menos residual.
Por último, una mayor cautela por parte de las compañías de seguros, en aras de salvaguardar su propia existencia a la hora de garantizar las operaciones, bien en términos del importe que se asegura en cada operación, bien en relación con el plazo que se concede para el mismo. Como ha ocurrido en tantos otros ámbitos de la actividad financiera, se ha pasado del todo vale al no vale prácticamente nada que no entre el ámbito del riesgo residual. La pregunta que viene a continuación es evidente: entonces, ¿para qué sirven estas empresas?
Se da la paradoja de que aquello que tradicionalmente se ha contemplado como una gestión eficiente de la liquidez, interesa tener un capital circulante negativo por el diferencial entre el cobro a clientes y el pago a proveedores, ha quedado completamente en desuso dadas las nuevas circunstancias en las que la falta de garantías y de financiación han provocado que se reduzcan los periodos de pago a suministradores y, por el contrario, se disparen los plazos de cobro a los compradores si es que, finalmente, se logra percibir el importe de lo vendido, que está por ver. Una situación financiera que sólo se pueden permitir los más fuertes y que, sin embargo, puede suponer la ruina para alguna gran cadena de distribución de balance dudoso, expansivo en exceso en el pasado vía adquisiciones. Habrá sorpresas en breve. Y no sólo entre las firmas no cotizadas.
Necesidad de intervención pública.
Aunque el mensaje oficial de las aseguradoras de crédito es que se trata de una mera adecuación al nuevo entorno de mercado, que no tiene por qué tener continuidad en el futuro, servidor apostaría uno a cien a que es sólo un primer escalón al que las particulares circunstancias económicas de España van a añadir peldaños adicionales. De ahí que sea urgente restablecer cuanto antes la peligrosa deriva de desconfianza recíproca empresarial a la que esta ausencia de garantías contribuye. Un restablecimiento en el que la Administración ha de jugar un doble papel.
A través del impulso de una agencia pública, ¿de nuevo el ICO?, que supla el escaso margen de maniobra actual de las sociedades privadas de aseguramiento comercial, debido al deterioro acelerado de sus propios números, y ayude a recuperar el flujo comercial en nuestro país. Funcionaría con un esquema similar al que hemos señalado anteriormente para la banca de forma tal que los especialistas sectoriales proponen, y asumen parte del riesgo, mientras que es la acción pública la que dispone a través de avales complementarios.
Mediante la exigencia de cumplimiento en tiempo y forma de sus obligaciones de pago por parte de los entes públicos municipales, autonómicos y nacionales. Resulta inadmisible que, en la coyuntura actual, sea precisamente su condición de proveedora de la Administración la que condene a muchas compañías a la bancarrota. Es imprescindible una modificación de la normativa actualmente en vigor sobre la materia y una regularización inmediata de todos los pagos pendientes, estructurada mediante anticipos a cuenta cuando sea necesario. Un flujo dinerario de impacto directo en la economía y que puede ser la tabla de salvación para muchas firmas que hoy se encuentran en el filo de la navaja. A Dios rogando (reactivación del flujo crediticio privado) y con el mazo dando (saldo deudor de las entidades públicas a cero).
Como siempre, unas cuantas ideas que quedan sometidas ahora a su consideración. Feliz Pascua de la Resurrección del Señor a los que se vayan de vacaciones. A los demás, el lunes les espero.